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Insecticidas, un riesgo para los polinizadores.

Insecticidas, un riesgo para los polinizadores.

El informe “El Declive de las abejas”. Peligros para los polinizadores y la agricultura en Europa” publica un interesante capítulo sobre la utilización de los plaguicidas y su incidencia en la mortandad de las abejas.

Los insecticidas son una clase particular de plaguicidas, diseñados específicamente para matar a las plagas de insectos en cultivos y ganado, o entornos domésticos. Matan o repelen en dosis lo bastante altas (Letales), pero también pueden tener efectos no intencionados (subletales) a dosis bajas en insectos que no son su objetivo, entre ellos se encuentran los enemigos naturales de las plagas y los polinizadores. A causa de su función y su naturaleza intrínseca, los insecticidas son un grupo de plaguicidas que supone el riesgo más directo para los polinizadores.

Aunque el papel relativo de los insecticidas de la disminución global de las poblaciones de polinizadores sigue estando poco claro, ahora es más evidente que nunca que algunos muestran efectos negativos patentes en su salud, tanto a nivel individual como de colonia (Herny et al., 2012; Whitehorn et al, 2012; Easton y Goulson, 2013; Mullin et al, 2010). Las investigaciones realizadas en la abeja melífera demuestran que los insecticidas, a dosis altas o bajas, pueden afectar negativamente a estos polinizadores, incluso cuando estos no son su objetivo específico.

 Actualmente  la exposición química tiende a ser continua por varias razones:

 La agricultura a nivel global utiliza un mayor volumen de plaguicidas.

1- Los residuos de insecticidas pueden alcanzar muchos lugares alrededor de los cultivos tratados, hábitat de numerosas especies polinizadoras, y quizá persistir en ellos.

2- Algunos insecticidas son sistémicos, es decir, al aplicarlos, no se mantienen en el exterior de la planta, sino que entran en su sistema y se distribuyen por ella.

Los efectos de insecticidas en los polinizadores se pueden describir como inmediatos o letales cuando son graves y veloces, y causan una rápida mortalidad y subagudos o subletales cuando no provocan mortalidad en la población experimental, pero pueden causar efectos fisiológicos o de comportamiento más sutiles a largo plazo.

Hay abundantes ejemplos de efectos subletales documentados (Desneux et al, 2007), que se pueden clasificar en cuatro grandes grupos según su naturaleza:

1)     Efectos fisiológicos, por ejemplo, en términos de tasas de desarrollo (el tiempo requerido para alcanzar la edad adulta) y la malformación, por ejemplo, en las celdillas de los panales.

2)     Alteración del patrón de peroreo, por ejemplo, en el aprendizaje y la orientación.

3)     Interferencias en el comportamiento alimentario, que inhiben la alimentación o de reducción de la capacidad olfativa.

4)     El impacto de los plaguicidas neurotóxicos en los procesos de aprendizaje. Se ha constatado problemas en el reconocimiento de flores y colmenas, de orientación espacial muy relevantes.

EJEMPLO DE EFECTOS SUBLETALES

Efectos fisiológicos y en el desarrollo

Análisis del laboratorio han demostrado que el piretroide “Deltametrin“ afecta a una gran variedad de funciones celulares de las abejas melíferas, causando notables disfunciones en las células del corazón, con cambios en la frecuencia y la fuerza de las contracciones cardiacas.

La exposición a bajas concentraciones subletales del neocotinoides ”Tiametoxam“ puede causar en las abejas africanizadas deficiencias en las funciones cerebrales a intestinales y contribuir a acortar su ciclo de vida.

El neonicotinoide “Imidacloprid“ ha demostrado efectos nocivos, incluso en dosis bajas, en el desarrollo de colonias de abejorros, y especialmente, en sus reinas, esto se traduce en un descenso desproporcionado en el numero de éstas: una o dos, en comparación con las catorce encontradas en colonias sin plaguicidas. Las reinas son fundamentales para la supervivencia de la colonia, pues son los únicos individuos que sobreviven al invierno y pueden fundar colonias la primavera siguiente.

Movilidad

La observación en laboratorio demostró que el neonicotinoide imidacloprid, afectaba a la movilidad de las abejas melíferas en dosis bajas.

Las abejas eran menos activas que las no tratadas, aunque el efecto fue transitorio. Las abejas también demostraron una pérdida de la capacidad de comunicación, lo que podría tener profundos efectos en su comportamiento social.

Navegación y orientación

Las abejas melíferas utilizan referencias visuales para volar hasta una fuente de alimento, así como para comunicar con precisión al resto de la colonia la distancia y la dirección en la que se encuentra. Los plaguicidas podrían afectar tanto al aprendizaje de patrones visuales durante el pecoreo como a la comunicación de dicha información.

Un estudio reciente muy complejo, mostro que aquellas que se alimentan de polen o néctar contaminados con el neonicotinoide tiametoxan, incluso en dosis muy bajas, pueden perderse de vuelta a la colmena. Como resultado, tienen el doble de probabilidades de morir en un día.

También se ha demostrado el impacto de concentraciones bajas del neonicotinoide imidacloprid, en el pecoreo de las abejas melíferas, que se retrasan en los vuelos de alimentación y se pierden más cuando se les suministran dosis subletales del plaguicida.

Comportamiento alimentario

“En el caso de las abejas melíferas, el efecto repelente de los plaguicidas puede reducir la recolección de polen y néctar, lo que podría llevar a un descenso demográfico de la colia”.

Los piretroides son el caso mejor conocido de insecticidas que repelen los polinizadores; un efecto repelente no debe malinterpretarse como protección contra la exposición a plaguicidas

Capacidad de aprendizaje

En condiciones de laboratorio, el neonicotinoides tiametoxam y el fipronil en dosis subletales redujeron la memoria olfativa de las abejas. Las abejas melíferas fueron incapaces de discriminar entre un odorizante conocido y uno desconocido. Las abejas tratadas con fipronil también pasaron más tiempo, inmóviles.

En bioensayos con diferentes plaguicidas, las abejas melíferas que sobrevivieron a la exposición oral a imidacloprid, fipronil, deltametrin y endosulfan, mostraron menor capacidad de aprendizaje a largo plazo. Así mismo, su exposición a bajas dosis de imidacloprid parece perjudicar la memoria olfativa a medio plazo (Decourtye et al, 2004). Las consecuencias de estos efectos crónicos en el comportamiento del pecoreo son todavía inciertos.

IMPACTOS DE LOS EFECTOS SUBLETALES DE PLAGUICIDAS EN OTRAS COMUNIDADES DE POLINIZADORES

Los efectos subletales de los plaguicidas parecen afectar a múltiples funciones implicadas en la salud de las comunidades de abejas melíferas y abejorros, como el pecoreo, la fecundidad o la movilidad. Aunque es posible que afecten también a otras comunidades de polinizadores, sigue sin entenderse en gran medida su implicación para el ecosistema de muchos de ellos.

Lo habitual ha sido utilizar abejas melíferas como organismo modelo para estudiar los efectos subletales de los plaguicidas en las comunidades de polinizadores. Pero se cree que no representan demasiado bien los efectos en otras especies, incluidas las demás abejas. De hecho, las abejas son un grupo muy diverso, con diferencias significativas en su vulnerabilidad ante la exposición a plaguicidas.

Los polinizadores sociales carecen de colonia perenne y los polinizadores no sociales tienen más probabilidades de sufrir la exposición a insecticidas.

Ciertos rasgos de algunos polinizadores pueden hacerlos más vulnerables a los insecticidas. Por ejemplo, los sirfidos afidofagos, ponen sus huevos en los campos de cultivo, lo que expone potencialmente sus descendencia a insecticidas.

Exposición a múltiples residuos de plaguicidas y efectos sinérgicos

En zonas de agricultura industrial hay gran potencial de exposición de los polinizadores a una mezcla se sustancias agroquímicas, entre ellas, insecticidas, herbicidas y fungicidas.

Los herbicidas pueden afectar a las abejas limitando los recursos alimentarios que tienen disponibles y a otros polinizadores en especial, si se aplican en los grandes monocultivos típicos de la agricultura industrial.

Los agricultores suelen aplicar fungicidas a muchos cultivos polinizados por abejas durante el periodo de floración, cuando estas pecorean, por estar clasificados como menos tóxicos para ellas y porque actualmente hay pocas restricciones a esta práctica. Sin embargo, algunos fungicidas han demostrado toxicidad directa para las abejas melíferas o solitarias a nivel de uso de campo. Igual de preocupante es haber probado que algunos fungicidas aumentan la toxicidad de los insecticidas piretroides para las abejas melíferas.

Varios estudios señalan la exposición a deltametrin en combinación con los fungicidas procloraz o difenoconazol provoco hipotermia en las abejas melíferas, en dosis que no ocasionaban un efecto significativo en la termorregulación al utilizarla por si sola. Otro estudio encontró que un neonicotinoide común, el tiacloprid, duplica aproximadamente su toxicidad para las abejas melíferas al combinarse con el fungicida propiconazol, y viene a triplicarla en combinación con trifuomizole.

También se ha demostrado que los insecticidas interactuan con otros factores de estrés, como las plagas de parásitos. Por ejemplo, “la mortalidad de abejas melíferas por el insecticida imidacloprid se demostró mayor en las abejas infectadas con el parasito Nosema.

“Los polinizadores están cada vez más expuestos a un coctel de plaguicidas, y aun desconocemos las consecuencias que esto puede tener para la salud de las abejas y los servicios de polinización.

Residuos de plaguicidas en colmenas de abejas melíferas

El mayor muestreo llevado a cabo hasta la fecha (de residuos de plaguicidas en colmena de abejas melíferas, que tuvo por objeto el polen, la cera y las abejas en sí) se realizo no hace mucho en Norteamérica. Demostró que las abejas melíferas suelen estar expuestas a múltiples plaguicidas.

Dicho estudio mostro con claridad que el polen recolectado por abejas podía contener altos niveles de varios plaguicidas, entre ellos cantidades significativas de los insecticidas aldicarb carbaril, clorpirifos e imidacloprid, los fungicidas boscalid, captan y myclobutanil, y el herbicida pendimetanil. También se encontraron altos niveles de fluvalinato y cufamos. Estos dos últimos son acaricidas aplicador a menudo por los apicultores en sus colmenas para controlar las plagas de Varroa.

En polen es la principal fuente de proteínas para las abejas melíferas y tiene un papel crucial en su nutrición y en la salud de la colonia. Se encontraron en el polen diez plaguicidas en una concentración mayor de un decimo del nivel LD50 para las abejas, lo que indica que cada una de estas sustancias toxicas puede tener efectos subletales por si misma. En conjunto, “parece probable que sobrevivir a base de polen con una media de siete plaguicidas diferentes tenga consecuencias”.

Aparte de los insecticidas, los fungicidas fueron los residuos de plaguicidas más significativos encontrados en el polen. Como se ha explicado ya, los fungicidas podrían exacerbar los efectos nocivos de algunos insecticidas en las abejas melíferas.

Los autores concluyen: “La existencia generalizada de residuos múltiples, algunos a niveles tóxicos para compuestos individuales, y la falta de bibliografía científica sobre las consecuencias biológicas de las combinaciones de plaguicidas son un sólido argumento sobre la necesidad de cambios urgentes de las políticas normativas sobre registro de plaguicidas y procedimientos de supervisión relacionados con la seguridad de los polinizadores. Reclaman, asimismo, financiación de urgencia para colmar la miríada de lagunas en nuestra comprensión científica de las consecuencias de los plaguicidas para los polinizadores.

PLAGUICIDAS TOXICOS PARA LAS ABEJAS: LOS SIETE PRIORITARIOS

Greenpeace ha elaborado una lista de plaguicidas tóxicos para las abejas que deberían eliminarse del medio ambiente para evitar cualquier envenenamiento grave con efectos letales, y daños subletales potenciales, en los polinizadores.

Partiendo de las pruebas científicas actuales, Greenpeace ha identificado siete insecticidas químicos prioritarios cuyo uso debería restringirse y que deberían eliminarse del medio ambiente para evitar la exposición de las abejas y otros polinizadores silvestres a ellos. Los siete insecticidas prioritarios son: imidacloprid, tiametoxan, clotianidina, fipronil, clopirifos, copermetrin y deltametrin.

PLAGUICIDAS NEONICOTINOIDES

Se dividen en dos subclases: nitroguanidinas y cianoamidinas. Las nitroguanidinas, que incluyen imidacloprid, clotianidina, tiametoxan y dinotefuran, son muy toxicas para las abejas melíferas, y su toxicidad oral es extremadamente alta a 4-5ng/abeja. Las cianoamidinas, como acetamiprid y tiacloprid, son ligeramente toxicas para estos insectos. Según sus fabricantes, los neonicotinoides han sido “la clase de insecticidas de uso generalizado contra un amplio espectro de plagas chupadoras y algunas mastigadoras de más rápido crecimiento”.

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